El escritor y académico Juan Manuel de Prada ofreció una inspiradora conferencia en el XI Simposio Felipe Segovia, celebrado en la Universidad Camilo José Cela (UCJC), donde reflexionó sobre el papel de la verdad, la bondad y la belleza en la educación. El autor de Las máscaras del héroe y Mil ojos esconde la noche defendió una educación que “forme personas completas, no meros profesionales”, y alertó sobre el riesgo de una enseñanza universitaria “convertida en una oficina expendedora de títulos”.
De Prada recordó con emoción su encuentro con Felipe Segovia, fundador de la Institución Educativa SEK, “a quien conocí —dijo— de la mano de mi maestro Camilo José Cela, cuando esta universidad estaba naciendo”. Aseguró que volver a la UCJC veinticinco años después es “una alegría y un honor” al comprobar que la institución “mantiene vivo su espíritu fundacional y continúa alimentando a la comunidad humana con ideas y valores perdurables”.
En su intervención, el escritor advirtió contra “la imposición de criterios puramente utilitarios en la transmisión del saber”, que, en su opinión, ha relegado las humanidades y “ha matado el anhelo de saber que Aristóteles consideraba la más noble aspiración humana”. “Nuestra época —añadió— ha convertido la enseñanza en un proceso mercantil que produce técnicos hábiles, pero moralmente neutros”. Frente a ello, reclamó recuperar una educación inspirada en el trilema clásico verum, bonum et pulchrum —la verdad, el bien y la belleza—, que consideró “el faro eterno de la formación integral del ser humano”.
Para de Prada, la búsqueda de la verdad es el primer deber de la universidad: “En una era de postverdad y algoritmos manipuladores, formar mentes críticas es un acto de resistencia”. La verdad, afirmó, “libera al individuo de la ignorancia y de la tiranía”, y solo una educación veraz “puede crear personas libres, responsables y capaces de penetrar en el meollo de las cosas”.
El autor subrayó también la importancia del bien como brújula moral del conocimiento: “La educación moral es el antídoto contra el egoísmo y la corrupción que plagan nuestras sociedades. El hombre superior es aquel que practica lo que predica”. Y completó su reflexión recordando el valor de la belleza como alimento del alma: “Sin belleza, la educación se vuelve árida y deshumanizada. La belleza enaltece el espíritu, despierta la sensibilidad y humaniza el conocimiento”.
Finalmente, De Prada reivindicó el papel de las humanidades como “vínculo entre el pasado y el presente” y como garantía de libertad intelectual: “Cuando un joven no conoce su historia ni su idioma, se le está usurpando el derecho a saber quién es”. Con su habitual lucidez, concluyó que “solo una universidad que busque la verdad, aprecie la belleza y reconozca el bien podrá responder a los retos de nuestro tiempo y erigirse en un verdadero templo del saber”.
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